HEDI, UN VIENTO DE LIBERTAD

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Director y guión: Mohamed Ben Attia
Intérpretes: Majd Mastoura, Rym Ben Messaoud, Sabah Bouzouita

La película tunecina de Mohamed Ben Attia, producida por los hermanos Daderne, es una de las mejores películas del año en cuanto al equilibrio entre el fondo y la forma, todo un descubrimiento del cine del Norte de África y un alegato sutil pero contundente contra la intolerancia en el núcleo familiar. Como otros filmes plantea cómo en ocasiones la familia tradicional con sus costumbres (bien sea árabes o cristianas) puede convertirse en una trampa tanto para las mujeres, como de otra forma, para algunos hombres. Hedi, un viento de libertad como la turca “La segunda mujer” o, en tono más desenfadado, “Caramel” de la libanesa Nadine Labaki, plantea cómo, en ocasiones, la madre de familia se convierte en transmisora de los valores tradicionales y hasta patriarcales de la obediencia, los lazos de unión forzosa y la renuncia que, aunque sobre todo afectan a las hijas, también, como en el filme de Ben Attia, pueden llegar a afectar a los hijos cuando buscan un amor no previsto dentro de los planes de un clan tradicionalista y, por otra parte,  conocen versiones más libres de la feminidad o la masculinidad, pero no pueden acceder a ellas plenamente por las presiones y dificultades del entorno.

Pero sobre todo Hedi… se apoya en una sobria, intensa y contenida interpretación de Majd Mastoura – perfecto de principio a fin- que, con pocos gestos, transmite un sinfín de emociones y al que la cámara del realizador tunecino se acerca de forma casi quirúrgica, sin descuidar otros aspectos de la planificación y la puesta en escena ni otros personajes, como esa mujer que representa otro modo de vida o el hermano mayor de la protagonista, también sujeto a los prejuicios de una madre viuda y atada a los dictados de las tradiciones y la intolerancia. Un filme sensible, elegante y sencillo- que mezcla la comedia de costumbres y el melodrama romántico- una película  que elude el tremendismo, pero que no deja de ser una firme y honda denuncia contra la familia tradicional en sus versiones más intolerantes y las bodas de conveniencia, así como una mirada inteligente sobre la dificultad de ser uno mismo en un mundo dominado por las apariencias.

Eduardo Nabal, crítico de cine.

 

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