Abandonen toda esperanza

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Alberto Pascual Pérez

 

Ni los más avispados pensadores de taberna han podido dirimir un tema tan complejo como el infierno. Unos lo sitúan como espacio físico, otros como estado después de la muerte. La verdad es que cada persona nos podría dar su propia definición, hasta llegar a su refutación. Una de estas posibles explicaciones ubica el averno en la propia vida o en la propia persona, ahí es nada. La obra de Lars von Trier se adentra en los padecimientos que aquejan al ser humano, este infierno particular repleto de males profundos, dolorosos y muchas veces desagradables.

 La casa de Jack no es una excepción en este leitmotiv artístico del danés. La última película de Von Trier recorre doce años en la vida de un asesino en serie, a través de cinco capítulos y un epílogo. Estas divisiones se centran en cinco asesinatos que han marcado la trayectoria del protagonista como homicida.

La cinta no deja resquicio a la imaginación, es bella en sus planos, con una cuidada fotografía en la que resaltan sus colores y su estética enmarcada en los Estados Unidos de los años 70, pero dura en cuanto a lo explícito de los crímenes. ¡Aléjense las almas sensibles! El director danés viene a remover y provocar, como con todas sus películas. Y esta vez, como cada vez, un poquito más. El espectador se adentra en la oscuridad del alma, en esta ocasión en la de un asesino en serie, capaz de una nueva vuelta de tuerca en las muertes que provoca. Actos que Jack explica y afronta como si de una experiencia creativa se tratase.

Sus dos horas y media de metraje dan más que de sobra para que Von Trier se explaye, y bien, aunque su extensión juega en contra. El filme es un nido de insinuaciones artísticas, eso es innegable,  algunas expuestas y muchas otras olvidadas, pero tiene un superávit de ideas mal desarrolladas. A la película del danés le falta conectar con su narración y desechar momentos vacíos, sobre todo en el final. Tampoco son necesarios momentos de especial sadismo, que solo se regodean en el exceso. Sugerencia, falta de resolución y una reiteración de planteamientos ya plasmados en otras obras de este director.

La esperanza es lo último que se pierde, dicen, y tal vez esta redundancia de Von Trier sea el punto de inflexión para nuevas y sugerentes propuestas cinematográficas, algo que ya ha demostrado de sobra que sabe hacer. Con respecto a La casa de Jack lo único que podemos hacer es abandonarnos a ella, sin buscar escapatoria y protegernos como podamos frente a la invitación de Jack.

 

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